BUDAPEST

 

 

   

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Su centro histórico junto al Danubio, fue declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad. Suele decirse que el gran río que atraviesa Europa, divide Budapest en dos partes que son las que dan nombre a la ciudad: Buda y Pest. Pero la realidad es casi la contraria. El Danubio une las dos antiguas ciudades formando una sola. Es ese río prodigioso el que da sentido a la capital de Hungría, el que permite apreciar en su verdadera dimensión las dos partes. La región montañosa de Buda es el hogar del Castillo Real de Buda y de numerosas estructuras medievales que atraen a los turistas. Mientras tanto, Pest ha abrazado la modernidad, industria y la globalización.

CLIMA: El clima moderado de Budapest está sujeto a cambios inesperados ya que las pautas meteorológicas varían entre las duras condiciones climáticas de la zona oriental de las Grandes Llanuras y el clima húmedo del oeste del Transdanubio y de los Alpes. Los inviernos son fríos y, aunque a veces cubren la ciudad de nieve, no son especialmente largos. Los veranos son cálidos, húmedos y agradablemente soleados.

MONEDA: La moneda oficial de Hungría es el Forint (abreviado como Ft.). Los billetes se emiten en incrementos de 20000, 10000, 5000, 2000, 1000, 500 y 200 Forint. Las monedas se emiten en incrementos de 100, 50, 20, 10, 5, 2 y 1 Forint. Las tarjetas Visa, MasterCard y American Express son aceptadas prácticamente en todas las partes de Budapest aunque las estaciones de ferrocarriles, almacenes y pequeños comercios principalmente aceptan efectivo.

GASTRONOMÍA: Avalada por una tradición culinaria que mezcla las marmitas y guisos con páprika de los magiares de tradición nómada y las influencias aristocráticas de los asados de volatería y caza y los hojaldres. La repostería, de corte vienés, es de una altísima calidad, y se puede degustar tanto en los cafés históricos como en restaurantes de categoría. Además de los soberbios dulces como el somló (bizcocho con crema y ron) y las crepes o palacsinta, la gastronomía en Budapest presenta un excelente surtido de sopas (como el Caldo de buey con tuétano), suflés de verduras (de patata o coliflor), guisos con chucrut (col en salmuera casero, que se produce en Vecsés, a las afueras de la ciudad) y platos de inspiración judía como el estofado sólet donde elegir.

 ATRACTIVOS TURÍSTICOS:

  •      Por Buda: Quienes hagan el recorrido por su cuenta a pie, pueden iniciarlo tomando el funicular que parte de la Plaza de Adam Clark, donde está el Kilómetro O junto al Puente de las Cadenas y sube hasta el Palacio Real. Es el caso, por ejemplo, de la Iglesia de Matías, donde los ciudadanos de Buda excomulgaron al papa Bonifacio VIII en el año 1302. También aquí fueron coronados muchos de los reyes húngaros, después de hacerlo en la antigua ciudad real de Székesfehérvár, y los últimos gobernantes de la dinastía de los Habsburgo, el emperador Francisco José y su esposa Isabel (Sissi) --que tuvieron que esperar casi veinte años, hasta el Compromiso de 1867-- y Carlos IV. Cerca del Palacio se encuentra la Plaza Dísz, antigua plaza del mercado y en cuyos extremos aún se observan los restos de las antiguas puertas de la ciudad. Las sinuosas callejuelas y los estrechos edificios que abundan en todo el barrio son vestigios de la Edad Media. Los elegantes palacios barrocos y rococó proceden de la época posterior a los turcos. Otros puntos claves del recorrido por el Barrio del Castillo son la Plaza de la Santísima Trinidad, frente a la entrada principal de la Iglesia Matías, el Bastión de los Pescadores, que lleva ese nombre porque inicialmente fue construido por pescadores y desde donde se ofrecen las mejores vistas de Pest y el Danubio, la Iglesia de María Magdalena, el Museo de Historia Militar y, naturalmente, el Palacio Real, que hoy alberga numerosos museos, como el Museo de Historia de Budapest y la Galería Nacional Húngara. En uno de los patios del Castillo se encuentra la bella Fuente de Matías, que representa una alegoría de la caza. Según la tradición, quien arroje una moneda en sus aguas tiene garantizado regresar a Budapest.  Las pintorescas callejuelas que forman el barrio del Castillo, están edificadas sobre cimientos medievales y todavía conservan algunos restos de la época. Puede visitarse una de esas casas medievales en la actual Casa de los Vinos Húngaros (I, Szentháromság tér 6), donde pagando una módica entrada, pueden degustarse hasta 70 deliciosos vinos del país y conocer sus orígenes y métodos de elaboración.
  •         Por Pest: La visita a Pest puede comenzarse en el mismo lugar que se inició la de Buda, en el Puente de las Cadenas, el primero que unió Buda y Pest en 1849 y el más bello de los nueve que comunican las dos partes de la ciudad. Fue construido por el ingeniero inglés Adam Clark quien, según se dice, se suicidó al terminar la obra y darse cuenta que se había olvidado de la lengua de los leones que custodian la entrada al puente por el lado de Buda. Después la ruta sigue por: el grandioso Parlamento, construido con una mezcla de estilo ecléctico, neogótico, renacentista y barroco es uno de los mayores edificios del mundo que funciona como parlamento. Los salones están agrupados en la planta baja y el primer piso. La decoración interior, la profusión de frescos, vidrieras y esculturas, los techos de roble, nogal y caoba contribuyen a la solemnidad del edificio. Debajo de la cúpula se conserva la Sagrada Corona Húngara, con la característica cruz torcida una de las más antiguas de Europa, así como las joyas de la coronación.  La enorme cúpula del Parlamento sólo tiene una rival: la de la Basílica de San Esteban, la mayor iglesia de la ciudad, desde cuya altura de 96 metros se disfruta de un soberbio panorama. Allí se conserva la reliquia de la mano derecha del rey San Esteban, fundador de Hungría. 
  •        Las animadas calles peatonales donde se reúnen los jóvenes de la ciudad, la Plaza Vörösmarty, lugar de cita de los artistas ambulantes, recuerda la atmósfera de Montmartre. En esta plaza, auténtico corazón vital de Pest están dos de los cafés más concurridos: el viejo Gerbeaud y el moderno Art Café. También algunas de sus anchas y elegantes calles parecen los parisinos boulevares y ni siquiera falta una bulliciosa calle comercial, como la Váci, repleta de boutiques, cafés, restaurantes y grandes almacenes. 
  •        Si se quieren hacer compras tradicionales, vale la pena acercarse al Mercado Central, construido por Samu Petz en 1894-96 y en el que se venden alimentos --a destacar su delicioso salami, el foie, la paprika (pimentón dulce) y los buenos y variados vinos-- y artículos de artesanía. También merece una visita el mercadillo permanente de Ecseri, el mayor de la ciudad, y en el que los sábados pueden encontrarse algunos tesoros escondidos. Los amantes de las antigüedades deben visitar también las numerosas tiendas del Barrio del Castillo, junto al puente Margit en el mismo lado de la ciudad y en la calle Falk Miksa, próxima al Parlamento. 
  •        Detrás del edificio de la Iglesia Parroquial del Centro, un pasaje conduce de nuevo a la calle Váci y de allí a una de las plazas de mayor tráfico de la ciudad, la Plaza de los Franciscanos (Ferenciek tere) donde se construyeron los dos palacios Klotild.  
  •        El antiguo barrio judío también merece una visita. La Sinagoga, con capacidad para 3.000 personas, es la mayor en activo de Europa y la segunda del mundo. En su estilo romántico se mezclan elementos bizantinos y moriscos. Se halla anexo el Pabellón de los Héroes y el Monumento a los Mártires Húngaros, erigido en 1991. En un edificio contiguo se encuentra el Museo Judío. El edificio del Museo Nacional Húngaro es uno de los máximos exponentes del clasicismo húngaro. Las exposiciones presentan la historia húngara desde los orígenes hasta nuestros días.  
  •       Conviene también pasear lentamente por el Gran Boulevard, que en su recorrido adquiere distintos nombres, y Andrássy y contemplar los bellos remates de sus fachadas, coronadas con esculturas, estucos y fantasías arquitectónicas. Un recorrido menos conocido es el de los numerosos patios interiores de las casas señoriales de la zona, llenos de sabor y tradición. Andrássy es la primera avenida elegante de la ciudad, trazada a finales del siglo pasado, tras la unificación de las tres ciudades. Empieza como una ancha calle de altos edificios de vecindad, convirtiéndose paulatinamente en una alameda bordeada de palacetes y jardines. Uno de los edificios más importantes de Andrássy es el Palacio de la Ópera Nacional Húngara, construido al estilo renacentista italiano y con un espectacular interior. La escalera y la sala del palacio, proyectados por el gran arquitecto Miklós Ybl, están decorados con pinturas de los mayores artistas de la época --Bertalan Székely, Mór Than, Károly Lotz--. El primer director de la Opera fue el compositor Ferenc Erkel, autor del himno nacional húngaro. La Opera, el Teatro de la Opereta y la Academia de Música son los lugares más elegantes, pero también se puede escoger entre numerosos locales modernos con música en vivo.